La austeridad de la luz cogida de los dos polos crudos no era sólo un rasgo de estilo, era útil, pues dibujaba con certeza las formas y los contornos con el preciosismo de la realidad casual. La crítica definió su fotografía como de “efecto puñetazo”, por la claridad con la que combinaba sus composiciones.
Entre 1960 y 1966, Ricard Terré realizó al menos 144 murales fotográficos para empresas y casas particulares. Los negativos utilizados, en su mayoría, estaban hechos expresamente para cada una de las localizaciones. Las temáticas escogidas tienen un fuerte carácter gráfico, podemos llamarles abstracciones. Aunque siempre conservan un halo de poesía o de humor, rasgos característicos de su obra, sea cual sea la aplicación. Los formatos llegaron a ser gigantes: hasta 15 metros por 3’5.